Escalera

Agosto 17th, 2011

Estoy bajando la escalera. Es una escalera larga, muy larga, de manera que me detengo de vez en cuando. Ahora estoy sentado, haciendo un pequeño descanso.

No hay mucha luz, aunque la forma de la escalera es exactamente esa que te has imaginado. Por eso ahora eres tú quien está allí en mi lugar. Estás de pie otra vez, e inicias nuevamente el descenso.

¿Dónde vamos? ¿Qué nos espera dentro de tantos escalones, o de tan pocos, en un rellano abierto solo para nosotros?

Soy yo otra vez. Bajo la escalera más o menos despacio; me detengo de nuevo. Ahora te miro: estás frente a la pantalla aunque no estás ahí, sino a mi espalda, bajando los peldaños conmigo y esperando las respuestas que tal vez se presenten abajo.

Hasta que ya no estoy.

Hasta que otra vez eres tú quien baja por esta escalera, quien verdaderamente sabe que no puede detenerse.

Así todas las noches

Mayo 12th, 2011

Es nuevamente de noche, noche cerrada. Cuando eres más joven piensas en que alguna vez todo cambiará, que llegará la madurez del día y las cosas volverán a la normalidad. Pero, ¿qué normalidad?

Ahora se acercan los 50, y sigue siendo noche cerrada, como toda la vida. Piensas entonces en que tal vez no has aprendido, o que has aprendido tanto como para aceptarte y dejar de luchar contra lo inevitable. Da igual, porque en el fondo no importa lo más mínimo. El hecho es que es muy tarde y estás despierto, pensando, soñando o tal vez haciendo muchos más planes, como siempre ha sido desde que tuviste al fin la posibilidad de elegir.

Esta noche el mar estaba embravecido, aunque con el sabor de las olas casi de verano, mucho más largas y onduladas. Ya la primavera ha tomado forma, las mujeres pasean mucho más hermosas y los niños andan más revoltosos.

Tal vez es tiempo de amor, de hacer locuras, de encontrar momentos para recordar en el próximo invierno. Los cuerpos se preparan, y tal vez todo sea mágico por unas cuantas horas o unos cuantos días. Nadie lo sabe con certeza, pero la esperanza se renueva, y la promesa de una dulce luna acompasa los corazones en los que de nuevo crece la ilusión, por pequeña que sea.

Y entonces, sí, entonces, todos seremos otra vez de la noche, de esa larga noche de verano que a veces quisiéramos que nunca terminara. Como un nuevo despertar, o simplemente que ha llegado la hora.

A veces son las 2, las 3, o mucho más tarde. El despertador volverá a sonar antes de las 8, y será un duro salir de nuevo al mundo, a seguir en la brecha que llena estos tiempos que me ha tocado vivir últimamente.

Así todas las noches.

Sinsentidos

Abril 22nd, 2011

Entonces no eras tú, y ahora que lo sé por cierto no consigo sentir. Después de estos días donde todo eran emociones entrecortadas, contradictorias, emociones que lo llevaban todo hasta donde ni siquiera el corazón a veces podía alcanzarlas, ahora estoy vacío.

No siento nada.

Ya no pienso en ti, y se me hace extraño: es como si me faltara algo que en realidad tampoco sé muy bien qué era.

Yo siempre he pensado que las emociones pueden llevarse a papel, que pueden escucharse,  hacerse forma y dibujarse en unos cuantos trazos.  Por eso, ahora que trato de aprehender al vuelo mis verdaderos sentimientos no consigo encontrarlos. Ni siquiera puedo asegurar que era yo quien lloraba desesperadamente de ausencia hace apenas unas horas, cuando hasta respirar era un esfuerzo de suspiros continuados.

No puedo explicármelo. No lo entiendo, ni aquello de estos días ni este sentir de ahora. En todas partes leo que es casi imposible enamorarse desesperadamente de alguien a quien apenas has visto, de una imagen, un sueño o una promesa. Pero sucede.

Y ahora, cuando el corazón condenado al olvido busca una forma de dejar de sentir, un camino largo y sembrado de dolor a cada paso, ahora al fin no siento nada. No la echo de menos. No la necesito: ya no me importa volver a verla. Se fue, como tantas otras cosas en mi vida.

Sé que si mis amigos me escuchasen me dirían que no puede ser, que entonces no podía estar tan enamorado, que son tan imposibles aquello como esto, y me mirarán con ojos de recelo, pensando que estoy tan loco como siempre, o que algo debe ser mentira: mentira de ese amor que no era tal; mentira de este olvido repentino.

Bueno: son mis amigos, y a los amigos se les permite siempre casi todo. Yo les diré que lo entiendo tan poco como ellos, y ellos pensarán que en algún lugar debe haber algo que no les he contado.

Me vieron llorar, sí, así que entonces debe ser mentira lo de ahora: no he podido olvidar en unas pocas horas, tras una sola noche, como un simple deseo cumplido sin más. Un sinsentido como final de un sinsentido.

No es posible, lo sé. No puede ser posible, pero sucede así.

Podría pasar toda la vida buscando este porqué, pero ahora todo ha vuelto a su sitio. Todo está bien. Todo sigue en su lugar.

Y quién quiere explicaciones cuando ni siquiera sé qué pasará mañana.

Ahora toca olvidar

Abril 22nd, 2011

Bueno, por fin todo está claro: era amor imposible. Todo apuntaba a ello, porque por más vueltas que le daba a la situación siempre acababa en el absurdo.

Un absoluto sinsentido. Y, sin embargo, real, cotidiano, presente en todos y cada uno de los minutos del día. ¿Qué puede hacer uno cuando se siente así sin verlo llegar, sin saber cómo actuar ni qué decir?

Opté por escribirle y su respuesta ha sido clara: sólo me ha pasado a mí. El cerebro, al fin, respira aliviado y vuelve a tomar las riendas de la situación: si hay amor correspondido, nada puede resistirse, pero en caso contrario solo cabe desistir.

¿He hecho lo correcto? ¿Qué otra cosa podía hacer? Esperar era imposible, como jugar a cualquier otro juego.

Ahora toca olvidar, y tal vez sea más fácil, porque ahora el corazón calla, tras comprender cómo dejarse llevar por él no ha conducido a ningún sitio.

El sábado, justo antes de decidir escribirle una única carta de amor, me detuve en casa de un amigo e hicimos una canción. Está más abajo, y parece como si la hubiéramos compuesto hoy, después de su respuesta, en lugar de antes de llegar siquiera a pensar en pedirla.

Poco después de este adiós claro y definitivo, mi amigo me ha enviado la canción, ya terminada: es como si todo estuviera escrito de antemano, incluso antes de pensar o decidir dar un paso para ser fiel a uno mismo.

Pero si algo dentro de mí sabía ya el final antes de intentarlo, ¿por qué entonces todo esto? ¿Qué sentido tiene todo lo que me ha pasado?

No entiendo nada.

.

hagamos una cosa (clic para escuchar la canción)

hagamos una cosa
como que no nos vemos
hagamos como extraños
en destinos ajenos

quizás como si nada
quizás como  si fuera
que todo nos separa
que nada nos espera

y cuando llegue el tiempo
de mirar lo que fuimos
tú no me conociste
yo nunca fui contigo
y así todas las cosas
volverán a su sitio

y así todas las cosas
volverán a su sitio

La puerta

Abril 20th, 2011

Un viejo autobús circula a toda prisa por una carretera. Allí, en uno de los asientos que mira a la ventana, tal vez voy yo, o tal vez simplemente imagino que observo el paisaje que aparece y se va, que se transforma; aquí y allá árboles, campos sembrados que empiezan a despertar a la primavera.

En el autobús alguien ha puesto una película, una vieja película de amor imposible que no me canso de mirar, porque no me resisto a verlos separados al final a pesar de haber estado tan cerca.

Y, sin embargo, estoy absolutamente convencido de que alguna vez cambiará ante mis ojos, y que él pasará delante de la puerta en la que ella ha vuelto a vivir, a esperarle tras las lágrimas con las que contemplaba la habitación y el pasado, y esa puerta se abrirá, como acaban abriéndose todas las puertas de la vida cuando un corazón herido las empuja a su paso.

¿Puede cambiar una película? Todos me dicen que no, que tal vez estoy loco, que el corazón tan grande acabará alejándome del mundo, de este autobús que corre tan aprisa y en el que no estoy seguro de viajar, de mirar por la ventana y verla a ella en cada nuevo paisaje.

Pero están equivocados: yo ya sé que muy pronto, cualquiera de estos días, tan inesperadamente como llega la lluvia ella abrirá la puerta.

en todas partes tú

Abril 20th, 2011

quisiera estar en cada lugar a donde llegas
que estuvieras allí donde acaban mis pasos
en todas partes tú
como llegada
sitio
conclusión de la espera

como otro sitio

Abril 20th, 2011

una vez quise dar la vuelta al mundo
quise saber de todo
quise abrir los baúles y descubrir las cartas
donde todo está escrito

una vez quise ser como la imagen
que me espera escondida en los espejos
que me devuelve el rostro con ojos y preguntas
sobre todo preguntas

una vez quise amar
quise volar en globo
y escribir otro nombre por las calles
en las aceras tú
y en las esquinas tu nombre repetido como el viento
que todo lo recorre

mas cuando quise amar yo no sabía
que amar a veces abre las ventanas
y a veces pierde el hilo del hogar conocido
y todo de las horas
y encierra el corazón hasta las manos

así que quise amarte y ya era tarde
tal vez
como otro sitio

cuando vengas a verme

Abril 20th, 2011

cuando vengas a verme trae todas las cenizas
del pasado que fuera tan presente
devuélveme las sábanas
donde el amor nos tuvo entretejidos
y el olor de tu piel
el de tu boca plena de deseo

cuando vengas a verme miénteme con las horas
que el reloj se confunda de tiempos de otros tiempos
y las agujas marquen nuevamente el instante
repetido tal vez
como nosotros

cuando vengas a verme no te estaré esperando
ni siquiera habré escrito de saber tu llegada
que tu palabra suene como un verso olvidado
como todos los días
así
como al principio

Lunes

Abril 20th, 2011

Mañana solo es miércoles.

Esta Semana Santa se me está haciendo infinita, no solo por ella, sino por los niños y niñas a los que no volveré a ver hasta el lunes, porque al menos esa lucha devuelve algo de paz al espíritu.

Ya estoy de lleno con el libro que empecé ayer, y nuevamente de padre, pero aún quedan demasiadas horas en el día.

Casi son las 4 y media, y no consigo dormirme. No tengo sueño. Escribo desesperadamente, cartas, entradas del blog y páginas del libro. Escribo como si ahora todo fuera escribir para que este tiempo que me está matando corra más aprisa.

Ya debiera ser lunes.

El viaje

Abril 19th, 2011

El sábado pasado cogí el coche y me fui sin dirección fija, sin saber muy bien por qué, por cuánto tiempo ni mi propio destino. No estaba huyendo: simplemente buscaba algo. Tal vez a mí mismo.

Llegué una ciudad, a casa de un amigo maestro, como yo, director de un cole donde siempre suena la música. Los dos con el mismo dolor de amor, aunque muy diferente. Hicimos una canción juntos, con el teclado y la guitarra.

Casi al amanecer consultamos el I Ching, algo que yo solía hacer con frecuencia hace mucho tiempo, cuando los amigos venían de visita a preguntar.

Cuántas cosas dejamos por el camino.

A él le salió retirada. A mi, que no podía perderla. Por la mañana fuimos a comer junto a la playa, y luego tomamos un té casi al lado del rompeolas. Más tarde él se fue con ella para pactar un final que no cerrase todas las puertas, y yo continué viaje hasta llegar casi de madrugada a otra ciudad, muy lejos, a la que no sabía muy bien a qué iba.

Encontré un hotel cerca de la 1, cuando ya desesperaba, y entonces escribí una larga carta de amor que envié sin dudar, sin miedo, y luego apenas dormí unas horas. Al día siguiente vagué sin rumbo, y luego volví a conducir, mucho más lejos de casa todavía.

Al final, cosas de la vida, pasé delante de un balneario y allí me detuve. Cené y luego estuve esperando la respuesta que no llegaba. De madrugada empecé el libro, la introducción, el libro que sé que tengo que escribir y del que no encontraba las primeras palabras. Hacía mucho tiempo que pensaba hacerlo, pero las cosas deben tener su momento.

Todas las cosas.

En algún momento de la noche me llamó mi hijo, que había alquilado unas películas y que me preguntó si iba a regresar para verlas. Prometí intentarlo.

Esta mañana me ha despertado el sol entre los árboles. Quería quedarme un día más, continuar con las páginas siguientes, hacer un diagrama. Allí estaba la paz al fin, junto a un pequeño pueblo, pero entonces me acordé de mi hijo y de que no se puede estar vagando eternamente.

Había decidido mi destino casi sin darme cuenta y ya era la hora de regresar a casa.