Y ella dijo “no. Para ti”, y él sonrió y dio un gran bocado para terminar el dulce.
Ella se entretuvo un instante viéndole feliz, pensando que lo mejor del tiempo juntos era simplemente estar juntos.

Hoy ha sido la entrega de premios del videojuego en el Instituto. Hubo un empate entre dos equipos, un increíble empate a todo, así que en vez de recibir una consola como premio individual, los jugadores tuvieron que compartirlas: una para cada dos.

No hubo ningún problema con tres de las cuatro parejas: sonrieron al recoger su premio y ya habrán hecho planes sobre cómo compartirlo. Pero la última pareja no debió quedarse muy tranquila: parece que compartir es un verbo sumamente difícil para algunas personas.

Nada más entregar los premios me vi rodeado por dos padres y dos madres que exigían un premio individual para sus hijos. De nada sirvió explicarles el sentido del juego y la falta de importancia del premio en sí: nada de compartir. Los chavales, detrás de ellos, me miraban sin saber muy bien qué hacer, observando como sus padres mentían sin inmutarse y amenazaban por una maldita consola que se negaban a tener un tiempo cada uno.

Cuando se fueron, otros chavales trataban de consolarme sin entender la salida de tono. “Siempre hay alguien que tiene que joderlo todo”, decía uno. “No es tan difícil, ¿no?: Una semana para cada uno y listo”, comentaba otro de los ganadores.

- ¡Qué vergüenza! ¡Jugar con la ilusión de los chavales, que esperaban un premio para cada uno! El año que viene ven a pedirnos dinero, anda… -me amenazó la madre de uno, la que me hizo un gesto con el dedo corazón nada más darme la vuelta.

Y los chavales, que ya sabían desde hace días lo del premio compartido, miraban la consola a mis pies, donde la abandonaron de forma airada negándose a recibirla, y veían a sus padres mintiendo y peleando por noventa euros.

Al final, la directora del centro piensa en devolverla y entregarles la mitad del dinero a cada uno. Ha quedado en llamarme. A mí me da igual lo que hagan con ella: sólo puedo pensar en qué pasará por la cabeza de un chaval cuando ve a sus padres diciendo mentiras por dinero; cuando alguien les habla de la importancia de compartir y ellos son incapaces de entenderlo.

Tal vez acaben siendo como ellos, y será muy triste, pero tal vez prefiero pensar en que no quieren acabar así, incapaces de compartir un premio que no es más que un objeto porque, como ya me dijo una profesora hace muchos, muchos años, hay un momento en el que tus padres dejan de educarte y es en ese instante cuando es a ti a quien le toca educarlos a ellos.

El tonto no es el que no entiende, sino el que no dice que no entiende

No entender no es ni bueno ni malo: es un hecho. Si no aceptamos los hechos no podemos establecer cuál es la situación real en la que nos encontramos: vivimos en una mentira. No entender es un hecho que hay que aceptar antes que nada, porque sólo entonces podemos preocuparnos de verdad por lo que ese hecho supone.

Cuando se trata de no entender, podemos actuar de dos maneras: o bien mantener silencio sobre el hecho, o bien decirlo a otros. El que se lo dice a otros recibe ayuda para intentar entender, por lo que, al aceptar la situación real y no la aparente, muchas veces podrá entender.

El que no se lo dice a nadie seguirá sin entender. Al no decirlo se convierte de verdad en alguien que no entiende.

Así, si no entiendes y lo dices, entonces puedes entender.

Así, si no entiendes y no lo dices, nunca entiendes.

Por eso el tonto no es el que no entiende, sino el que no lo dice.

Sólo hay un verdadero camino para aprender: la pregunta

Parece simple, pero no lo es, porque la verdadera pregunta consiste en dos verbos: querer hacerla y saber hacerla. En el mundo de hoy hemos perdido la ilusión por preguntar: es un mundo en el que mejor no saber, un mundo de no aprender.

Aprender es hacer preguntas, y las preguntas sólo lo son en cuanto suponen aprendizaje, sea por la respuesta recibida o simplemente por la propia pregunta en sí, que nos ayuda a conocer lo que buscamos.

Podemos preguntar a los libros, a los periódicos, a las páginas web. Ver una noticia en televisión no es preguntar nada, sino seguir un hilo que viene ya dado y que no es nuestra pregunta, sino la pregunta de otro que decidió las noticias importantes. Leer una noticia, sin embargo, es seleccionarla entre otras muchas; es preguntarle a un titular determinado qué más sabe sobre el tema del que habla. Esta pregunta que es la lectura es la que supone siempre aprendizaje: incluso la lectura por el simple disfrute es una forma de aprender a elegir la próxima lectura o de descubrir lo que nos hace felices.

También podemos preguntar a las personas, que es el camino mucho más humano pero también el más difícil, porque aquí intervienen otros aspectos que muchas veces nos distraen de lo importante: de los 4 factores que constituyen el hecho de preguntar (preguntador, pregunta, preguntado y respuesta), sólo la pregunta es la que supone aprendizaje.

Si uno presta atención al preguntador, o sea, a uno mismo, no verá la pregunta en sí, sino lo que supone hacerla para uno mismo y su imagen: me da miedo preguntar, ¿pensarán que soy tonto?, ¿quedaré mal al hacerla?, ¿se van a reír de mí?. El preguntador no tiene ninguna importancia en relación con la pregunta, pero a veces se la damos en exceso.

Si uno presta atención al preguntado, tampoco verá la pregunta: es un personaje muy importante, es famoso, no me cae bien, ¿quién es éste para que yo le vaya a hacer caso a lo que diga?. No aprendemos nada porque tampoco preguntamos nada.

Si uno presta atención a la respuesta tampoco aprende, porque las respuestas no existen: mientras no formulemos una pregunta, no hay respuestas. Son sólo las preguntas las que convierten las palabras en respuestas.

Así, si queremos aprender necesitamos únicamente hacer preguntas.

Así, si queremos enseñar, debemos conseguir que sean los niños y los jóvenes quienes las hagan: a los libros, los periódicos y los ordenadores; a otros niños, a los padres, a los maestros.

Hoy
y tal vez todos estos días
te has preguntado de nuevo por el sentido que nunca se confirma
quizá por las palabras que a veces se producen
por aquellas palabras repetidas sin fin hasta que se convierten en palabras

Hoy
y tal vez alguno de estos días
te has sentido pequeño
tan pequeño como a punto de pasar a formar parte
de lo que fue
como si fuera en algún tiempo triste o lejano
como por si las manos ya no esconden caricias o no creen en caricias
ni siquiera los pasos conocieran el rumbo
sin saberse los pasos

Hoy
y tal vez la mayoría de los últimos días
de parte de este invierno
vuelve a llover desesperadamente
como si todo fuera lluvia
viento
distancia

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